lunes, 30 de enero de 2012

ANTECEDENTES



Ante el aumento del número de accidentes en el hogar y el desconocimiento de cuántos de estos son producto de violencia intrafamiliar resulta de gran importancia el poder identificar aquellas señales más sutiles de la violencia doméstica, registrar estos casos y responder adecuadamente a las necesidades de las víctimas. Este es uno de los objetivos básicos en la atención a la violencia intrafamiliar, dado que es un problema delicado del que casi nadie habla, ni siquiera las víctimas y los profesionales de la salud resultan con impericia para poder identificar y manejar la problemática lo que nos lleva a pensar mejorar la capacitación en esta área tan hostil y conducirnos a la imperiosa necesidad en donde nuestras unidades médicas en consulta externa y urgencias sean clave para la prevención y control, siendo el sector salud, las únicas instituciones que tienen contacto con todas las mujeres en algún momento dado de la vida, más que tipificar la violencia domestica como un delito por el que se debe sancionar, resulta necesario el poder identificar el acto(s), motivo(s) la victima(s) y el o (los) agresor(es) a fin de dar una atención oportuna a la derechohabiencia.


Estudios realizados en América Latina y otras regiones del mundo han mostrado que la violencia doméstica es una amenaza importante contra la salud y el bienestar de las mujeres. Sin embargo, es básicamente a partir de la convención de Belém do Pará (Comité de América latina y el caribe para la defensa de los derechos de la mujer, 1994), que varios países latinoamericanos identificaron esta amenaza y han llevado a cabo acciones para tipificar la violencia domestica como un delito por el que se debe sancionar al agresor. En México, el Gobierno del Distrito Federal promulgo, en 1996, la ley de Asistencia y Prevención de la “Violencia Intrafamiliar”, mientras que el Gobierno Federal aprobó las reformas a los Códigos Civil y Penal de la Republica Mexicana en 1997. Estas acciones reconocen la violencia dentro de estas familias como un problema público y son un primer paso para su prevención y control. La violencia domestica es un problema delicado en el que casi nadie habla, ni siquiera las víctimas. Los servicios de salud son un punto clave para su prevención y control, siendo las únicas instituciones que tienen contacto con todas las mujeres en algún momento de su vida. Tan es así que a finales de 1997, el Director General de la “Organización Mundial de la Salud” (OMS) emitió una declaración en donde exhorta a que se capacite a los y las profesionales de la salud para que reconozcan las señales más sutiles de la violencia
doméstica, registren estos casos y respondan adecuadamente a las necesidades de las víctimas.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cada 18 segundos una mujer es maltratada en el mundo, mientras que en el Estado de México 54 de cada 100 mujeres son víctimas de algún tipo de violencia inflingida por su pareja (ENDIREH, 2006).
En Ciudad Nezahualcóyotl se encontró que 33% de 342 mujeres, alguna vez casadas o en unión libre de 15 años o mayores, había vivido una relación violenta; de las mujeres violentadas el 76% psicológicamente, 66% había sufrido violencia física y 21% sexual (Shrader y Valdez, 1992, en Heise et al., 1994).
En un estudio en el Sur de la Ciudad de México encontró que el 38.4% de 544 mujeres que vivían con su esposo o compañero, había sufrido algún tipo de violencia. El mismo estudio reporto que los actos y amenazas de violencia estaban significativamente asociados con el uso de alcohol y los celos por parte del hombre (Natera, Tiburcio y Villatoro, 1997). En el Estado de México al comparecer ante la Cámara de Diputados la titulad del DIF en el Estado reportó que en el 2008, 46mil 695 casos de maltrato (2009).
Las lesiones por accidentes son responsables de grandes pérdidas para la economía de los países, de descalabros importantes para los individuos lesionados en estos eventos y de serias amenazas para la vida familiar.
En México se otorgaron en el año 2000, más de tres millones de consultas por accidentes, el 43% de los accidentes en el ISSEMYM, corresponden a accidentes en el hogar. Los costos generados por la atención de los lesionados en accidentes repercuten negativamente en la economía.


El Artículo 4 constitucional otorga a toda persona el derecho a la protección de la salud. La fracción sexta, apartado “D” del Artículo 20 constitucional prevé que la victima de cualquier delito tiene, entre otros derechos, solicitar las medidas y providencias que prevea la ley para garantizar su seguridad y auxilio. El Plan Nacional de Desarrollo 1995-2000 señala el compromiso de lograr la cobertura universal de salud, avanzar en la equidad y en el mejoramiento de la calidad de los servicios, por lo que para el futuro, es necesario hacer cambios en el Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios, que facilite el trabajo en equipo multidiciplinario, responsable de ejercer
acciones congruentes que marquen las estrategias de cómo organizar programas de atención integral para personas que sufren de algún tipo de violencia intrafamiliar. Estos profesionales de la salud deben ser personas de diferentes disciplinas comprometidas con el desarrollo de los programas en materia de prevención y rehabilitación biopsicosocial, basados en el diagnostico integral que indique el tratamiento a realizar durante el proceso de rehabilitación buscando con esto una atención oportuna y adecuada, que favorezca su integración basada en el respeto y garantice el ejercicio de sus derechos e igualdad de oportunidades a los integrantes de la familia.
El ISSEMYM, cuenta con una población de derechohabientes de 910, 992 a Diciembre del 2008, de los cuales se han registrado un total de accidentes de 38,148; el 53% corresponden al sexo masculino y 47% al femenino, de estos 40% son accidentes que se presentan en el hogar lo que significa que continúa siendo la primera causa de presentación de accidentes por lugar de ocurrencia.
La literatura refiere que los grupos de riesgo de mayor impacto de sufrir violencia domestica es la mujer, los menores de cinco años y adultos mayores de 65 y más; de ahí la importancia de identificar la violencia intrafamiliar en la población derechohabiente de nuestro Instituto; disminuyendo así, las posibles consecuencias resultantes por sufrir accidentes, que hoy en día se sabe que el 82% corresponde a contusiones, luxaciones y heridas.

VIOLENCIA INTRAFAMILIAR
Violencia

“La Violencia, es un acto social y, en la mayoría de los casos, un comportamiento aprendido en un contexto perneado por inequidades sociales basadas en el género, la edad la raza etc., con imágenes de violencia y fuerza física como la manera prevaleciente de resolver conflictos” (Hoff, 1994, p.5).
La violencia es una conducta aprendida que surge a raíz de inequidades sociales, e implica el uso de la fuerza para causar un daño físico, sexual, psicológico o sexual a quien la recibe. Se plantea que puede ser un acto u omisión intencional, ya que esta dirigida a alguien con el objetivo de dominar o controlar a esta persona.

Sexo
Características genéticas, fisiológicas, biológicas y anatómicas que indican si una persona es hombre o mujer.

Género
Se refiere a los roles y responsabilidades determinadas socialmente. El género se relaciona con la manera en que somos percibidos y en cómo es esperado que pensemos y actuemos como hombres o como mujeres según el contexto social. El enfoque de género aborda específicamente las desigualdades de poder entre hombres y mujeres y distingue diversas formas de violencia entre ambos.

Violencia de género
Concepto básico para la comprensión de los actos de violencia que se ejercen contra las mujeres en diferentes ámbitos de su vida. Lo que la distingue de otras formas de violencia es que se refiere a todo el abuso que las mujeres y las niñas reciben por el simple hecho de pertenecer al sexo femenino.

Violencia contra la mujer
“Cualquier acto de fuerza física o verbal, coerción o privación que atenta contra la vida, dirigido hacia una mujer o una niña, que cause daño físico y psicológico, humillación o privación arbitraria de la libertad y que perpetúe la subordinación femenina” (Heise, Pitanguy y Germain, 1984).
En el caso especifico de la violencia contra la mujer, se propone que el abuso conlleva la intención de mantener el poder y control masculino, reforzando la subordinación femenina.
Violencia conyugal
“Es todo acto u omisión que tiene la intención de controlar y/o someter; y que resulte en daño de la integridad física, emocional, sexual o económica, utilizada contra las mujeres adolescentes o adultas por su pareja actual o anterior”.
(Ellsberg, Arcas, Montenegro, Norori y Quintanilla, 1998).

Violencia familiar
Por violencia familiar se entiende el “uso de la fuerza física o moral, así como las omisiones graves que de manera reiterada ejerza un miembro de la familia en contra de otro integrante de la misma, que atenta contra su integridad física, psíquica o ambas, independientemente de que pueda producir o no lesiones; siempre y cuando el agresor y agredido habiten en el mismo domicilio y exista una relación de parentesco, matrimonio o concubinato” (Diario oficial de la federación, 30 de Diciembre de 1997).

Violencia intrafamiliar
“Acto de poder u omisión recurrente, intencional y cíclico dirigido a dominar, someter, controlar o agredir física, verbal, psicoemocional o sexualmente a cualquier miembro de la familia dentro o fuera del domicilio familiar, que tenga alguna relación de parentesco por consanguinidad, tenga o lo hayan tenido por afinidad civil; matrimonio, concubinato o mantenga una relación de hecho y que tiene por efecto causar daño”, y que puede ser de cualquiera de las siguientes clases:

Maltrato físico. Todo acto de agresión intencional repetitivo, en el que se utilice alguna parte de el cuerpo, algún objeto, arma o sustancia para sujetar inmovilizar o causar daño a la integridad física de su contraparte, encaminado hacia su sometimiento y control.

Maltrato psicoemocional. El patrón de conducta consiste en actos u omisiones repetitivos, cuyas formas de expresión pueden ser prohibiciones, coacciones, condicionamientos, intimidaciones, amenazas actitudes devaluatorias, de abandono y que provoquen en quien las recibe, deterioro, disminución o afectación a la estructura de su personalidad.

Maltrato sexual. El patrón de conducta consiste en actos u omisiones repetitivos, cuyas formas de expresión pueden ser: “la negación de las necesidades sexoafectivas, la inducción a la realización de practicas sexuales no deseadas o que generen dolor, practicar la celotipia para el control, manipulación o dominio de la pareja y que generen daño…” (Diario oficial de la federación 9 de Julio ,1996).

El maltrato hacia la mujer en la relación de parejas, es una de las formas más comunes de violencia intrafamiliar junto con el maltrato que reciben niños, niñas, personas ancianas y discapacitadas.

Violencia doméstica
Es la relación existente entre violencia y desequilibrio de poder básicas para la comprensión de la violencia doméstica ya que implica la existencia de un “superior” y un “inferior” en la forma de roles complementarios: hombre/mujer, padre/hijo(a), maestro(a)/alumno(a), médico(a)/enfermero(a); es decir, la existencia de jerarquías en las relaciones interpersonales, fomenta el ejercicio de la violencia de una persona con mayor poder o fuerza, hacia otra persona con menor poder o fuerza. Por esto se considera que la violencia siempre es sinónimo de un abuso de poder. (Corsi, 1994).
Como en todo grupo humano, en la familia podemos encontrar intereses en común o diferencias, necesidades distintas entre cada uno de sus miembros; la familia no está exenta de pasar por dificultades y problemas de cualquier clase, como económicos, escolares, familiares o de malos entendidos, el conflicto es parte de las relaciones humanas, en nuestra sociedad prevalece una imagen idealizada de la familia, se le percibe como un núcleo básico e indivisible (madre, padre, hijos e hijas) que conviven en armonía y amor, imagen que contrasta con la realidad de un espacio en el que se expresa todo tipo de relación: amor, conflicto, colaboración, violación a los derechos humanos etc. La experiencia muestra que es justamente en el ámbito familiar donde se registra la mayor cantidad de eventos de violencia contra los niños y las niñas.
Heise (1998), menciona que “el dominio de los hombres sobre las mujeres es la base para cualquier teoría realista de la violencia”.
Heise, revisó muchos estudios empíricos para determinar qué variables están relacionadas a la violencia física y sexual contra la mujer, y concluyó que existen diversos factores de riesgo. A partir de esta información, utilizó un modelo ecológico que le permitió clasificar estos factores de riesgo como provenientes de cuatro niveles de influencia:
1. Factores de la Influencia Personal.

Entre los factores individuales que pueden aumentar la probabilidad de que un hombre sea violento están: haber presenciado situaciones de violencia domestica y/o haber padecido abuso de niño, ya sea física o sexualmente. Sin embargo, es importante aclarar que no todos los hombres que abusan de la mujer fueron testigos de agresiones ni fueron agredidos de niños. Una investigación realizada por Caesar (1988, Heise, 1998), encontró que 38% de los hombres violentos de su muestra, nunca estuvo expuesto a la violencia en la niñez; un posible tercer factor es haber tenido un padre
ausente o desdeñoso, pero su valor predictivo no es tan claro. En relación con las mujeres, el único factor de riesgo relacionado con ser victima de violencia de una pareja masculina, es el hecho de haber presenciado violencia entre los padres o tutores en la niñez.
2. Factores del Microsistema.

Para el hombre violento y su pareja, el microcosmos más inmediato es la familia, la cual generalmente es el lugar y el contexto de los episodios de abuso. Los factores de riesgo relacionados con este microsistema tienen que ver con la estructura de la familia tradicional – patriarcal, como el dominio masculino en la familia y el control de la riqueza familiar por parte de el hombre. Otras variables que aumentan el riesgo de la violencia, tienen que ver con los conflictos frecuentes en torno a la división de tareas, al consumo de alcohol por parte del marido y al hecho de que la mujer tenga una mayor escolaridad que el hombre. Esto parece confirmar que el riesgo de violencia tiene que ver con un desequilibrio en la estructura de poder de la familia. Además, existe una asociación entre el consumo de alcohol y la violencia física y sexual. Sin embargo, la forma en que el alcohol aumenta el riesgo de violencia no está clara, ya que no todos los hombres alcoholicos son violentos.
3. Factores del Ecosistema.

Los factores de riesgo en el ámbito de estructuras sociales son el desempleo o bajo nivel socioeconómico; el aislamiento de la mujer de amigos(as), vecinos(as) y de la familia; la asociación del agresor con delincuentes a quienes tiene que demostrar su capacidad de agresión sexual para que lo tengan en alta estima.
Aunque no esta claro, de que manera se relaciona el nivel socioeconómico bajo con el mayor riesgo de violencia: se piensa que la pobreza genera stress, frustración y un sentimiento de inadecuación en algunos hombres que no pueden cumplir con el papel de proveedores que se espera de ellos. Es posible que la pobreza sea generadora de desacuerdos matrimoniales y/o que dificulte que las mujeres de escasos recursos dejen las relaciones violentas e insatisfactorias.
En cuanto al aislamiento de la mujer “Causa y consecuencia de la violencia doméstica”, es de interés señalar que las sociedades en las que la familia y la comunidad sienten la obligación y el derecho de intervenir en asuntos familiares de carácter “Privado”, tienen índices de violencia menores a los de las sociedades con culturas que consideran que lo que pasa entre la pareja no tiene por que ser del escrutinio público.
4. Factores del Microsistema.

Se refiere a un conjunto de valores y creencias de las personas que incluye; la noción que establece que “Un verdadero hombre” es dominante, rudo y mantiene el honor;
roles de género rígidos y definidos según los cuales la mujer debe ser pasiva y sumisa y el hombre controlador y agresivo; la sensación de que se tiene el derecho de propiedad sobre la mujer; la aceptación social del castigo físico hacia las mujeres y la ética cultural que acepta la violencia como una forma de solucionar los desacuerdos.

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